<< Isaías 26 >> Isaiah 26 Spanish: La Biblia de las Américas (1997) | |
Cántico de confianza
1 En aquel día se cantará este cántico en la tierra de Judá:
Ciudad fuerte tenemos;
para protección El pone murallas y baluartes.
2 Abrid las puertas para que pueda entrar la nación justa,
la que permanece fiel.
3 Al de firme propósito guardarás en perfecta paz,
porque en ti confía.
4 Confiad en el S
EÑOR para siempre,
porque en D
IOS el S
EÑOR,
tenemos una Roca eterna.
5 Porque El ha abatido a los que moran en lo alto, a la ciudad inexpugnable;
la humilla, la humilla hasta la tierra, la derriba hasta el polvo.
6 La hollará el pie:
los pies de los afligidos, las pisadas de los desvalidos.
7 La senda del justo es rectitud;
tú, que eres recto, allana el sendero del justo.
8 Ciertamente,
siguiendo la senda de tus juicios,
oh S
EÑOR, te hemos esperado;
tu nombre y tu memoria son el anhelo del alma.
9 En la noche te desea mi alma,
en verdad mi espíritu dentro de mí te busca con diligencia;
porque cuando la tierra tiene
conocimiento de tus juicios,
aprenden justicia los habitantes del mundo.
10 Aunque se le muestre piedad al impío,
no aprende justicia;
obra injustamente en tierra de rectitud,
y no ve la majestad del S
EÑOR.
11 Oh S
EÑOR, alzada está tu mano,
mas ellos no la ven.
Que vean
tu celo por el pueblo y se avergüencen;
ciertamente el fuego devorará a tus enemigos.
12 S
EÑOR, tú establecerás paz para nosotros,
ya que también todas nuestras obras tú las hiciste por nosotros.
13 Oh S
EÑOR, Dios nuestro, otros señores fuera de ti nos han gobernado;
pero en ti solo confesamos tu nombre.
14 Los muertos no vivirán, los espíritus no se levantarán,
pues los castigaste y destruiste,
y has borrado todo recuerdo de ellos.
15 Has aumentado la nación, oh S
EÑOR,
has aumentado la nación, te has glorificado,
has ensanchado todos los límites de la tierra.
16 Oh S
EÑOR, en la angustia te buscaron;
apenas susurraban una oración,
cuando tu castigo estaba sobre ellos.
17 Como la mujer encinta, al acercarse el
momento de dar a luz,
se retuerce
y grita en sus dolores de parto,
así éramos nosotros delante de ti, oh S
EÑOR.
18 Estábamos encinta, nos retorcíamos
en los dolores, dimos a luz, al parecer,
sólo viento.
No logramos liberación para la tierra,
ni nacieron habitantes del mundo.
19 Tus muertos vivirán,
sus cadáveres se levantarán.
¡Moradores del polvo, despertad y dad gritos de júbilo!,
porque tu rocío es
como el rocío del alba,
y la tierra dará a luz a los espíritus.
20 Ven, pueblo mío, entra en tus aposentos
y cierra tras ti tus puertas;
escóndete por corto tiempo
hasta que pase la indignación.
21 Porque he aquí, el S
EÑOR va a salir de su lugar
para castigar la iniquidad de los habitantes de la tierra,
y la tierra pondrá de manifiesto su sangre derramada
y no ocultará más a sus asesinados.