<< 1 Samuel 26 >> 1 Samuel 26 Spanish: La Biblia de las Américas (1997) | |
David perdona de nuevo la vida a Saúl
1 Entonces vinieron los zifeos a Saúl en Guibeá, diciendo: ¿No está David escondido en la colina de Haquila,
que está frente a Jesimón?
2 Se levantó, pues, Saúl y descendió al desierto de Zif, teniendo consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif.
3 Y acampó Saúl en la colina de Haquila, que está frente a Jesimón, junto al camino, y David permanecía en el desierto. Cuando vio que Saúl venía tras él al desierto,
4 David envió espías, y supo que Saúl en verdad se acercaba.
5 Se levantó David y vino al lugar donde Saúl había acampado. Y vio David el lugar donde estaban acostados Saúl y Abner, hijo de Ner, el comandante de su ejército; Saúl dormía en medio del campamento y el pueblo estaba acampado alrededor de él.
6 Entonces habló David a Ahimelec hitita y a Abisai, hijo de Sarvia, hermano de Joab, diciendo: ¿Quién descenderá conmigo a
donde está Saúl en el campamento? Y Abisai dijo: Yo descenderé contigo.
7 Y David y Abisai llegaron de noche al campamento, y he aquí, Saúl estaba durmiendo en medio del campamento, con su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y la gente estaban acostados alrededor de él.
8 Entonces Abisai dijo a David: Hoy Dios ha entregado a tu enemigo en tu mano; ahora pues, déjame clavarlo a la tierra de un solo golpe; no tendré que darle por segunda vez.
9 Pero David dijo a Abisai: No lo mates, pues, ¿quién puede extender su mano contra el ungido del S
EÑOR y quedar impune?
10 Dijo también David: Vive el S
EÑOR, que ciertamente el S
EÑOR lo herirá, o llegará el día en que muera, o descenderá a la batalla y perecerá.
11 No permita el S
EÑOR que yo extienda mi mano contra el ungido del S
EÑOR; pero ahora, te ruego, toma la lanza que está a su cabecera y la vasija de agua, y vámonos.
12 Tomó, pues, David la lanza y la vasija de agua de
junto a la cabecera de Saúl, y se fueron; pero nadie
lo vio ni
lo supo, tampoco nadie se despertó, pues todos estaban dormidos, ya que un sueño profundo de parte del S
EÑOR había caído sobre ellos.
13 David pasó al otro lado y se colocó en la cima del monte a
cierta distancia,
con un gran espacio entre ellos.
14 Y David dio voces al pueblo y a Abner, hijo de Ner, diciendo: ¿No responderás, Abner? Entonces respondió Abner y dijo: ¿Quién eres tú que llamas al rey?
15 Y David dijo a Abner: ¿No eres tú un hombre? ¿Quién es como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has protegido a tu señor el rey? Porque uno del pueblo vino para matar a tu señor el rey.
16 Esto que has hecho no es bueno. Vive el S
EÑOR,
todos vosotros ciertamente deberíais morir, porque no protegisteis a vuestro señor, el ungido del S
EÑOR. Y ahora, mira dónde está la lanza del rey y la vasija de agua que
estaba a su cabecera.
17 Entonces Saúl reconoció la voz de David y dijo: ¿Es ésta tu voz, David, hijo mío? Y David respondió: Mi voz es, mi señor el rey.
18 También dijo: ¿Por qué persigue mi señor a su siervo? ¿Pues qué he hecho? ¿Qué maldad hay en mi mano?
19 Ahora pues, ruego a mi señor el rey que escuche las palabras de su siervo. Si el S
EÑOR te ha incitado contra mí, que El acepte una ofrenda, pero si son hombres, malditos sean delante del S
EÑOR, porque me han expulsado hoy para que yo no tenga parte en la heredad del S
EÑOR, diciendo: ``Ve, sirve a otros dioses.
20 Ahora pues, no caiga mi sangre a tierra, lejos de la presencia del S
EÑOR; porque el rey de Israel ha salido en busca de una pulga, como quien va a la caza de una perdiz en los montes.
21 Y Saúl dijo: He pecado. Vuelve, David, hijo mío, porque no volveré a hacerte daño pues mi vida fue muy estimada en tus ojos hoy. He aquí, he actuado neciamente y he cometido un grave error.
22 Respondió David, y dijo: He aquí la lanza del rey. Que pase acá uno de los jóvenes y la recoja.
23 El S
EÑOR pagará a cada uno
según su justicia y su fidelidad; pues el S
EÑOR te entregó hoy en
mi mano, pero yo no quise extender mi mano contra el ungido del S
EÑOR.
24 He aquí, como tu vida fue preciosa ante mis ojos hoy, así sea preciosa mi vida ante los ojos del S
EÑOR, y que El me libre de toda aflicción.
25 Y Saúl dijo a David: Bendito seas, David, hijo mío; ciertamente harás
grandes cosas y prevalecerás. David siguió por su camino y Saúl se volvió a su lugar.